adentro del vaso vacío hay una pluma
es blanca tan blanca
como mi acolchado, que está roto
y en su interior, están las demás
las plumas que no se escapan
porque es cómodo quedarse en familia
y preguntar por ella, tan blanca
que me dan ganas de prestartela
mil o dos mil años
para que le cuentes cómo es estar conmigo
cuando estoy sola y sin nada en el vaso

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